En el templo de Apolo en Delfos, esta frase, “Conócete a ti mismo”, invitaba a mirar hacia dentro en momentos de duda o confusión, antes de buscar respuestas fuera.
A menudo no resulta fácil ponerle nombre a aquello que nos ocurre. Solo nos damos cuenta de que algo, dentro de nosotros no está en su lugar.
Nos sentimos más sensible. Más cansados. Más irritables. O quizá simplemente desconectados de nuestro centro.
Desde fuera, da la sensación de que todo sigue funcionando como de costumbre. Pero por dentro hay una incomodidad que no desaparece.
Y uno empieza a preguntarse: ¿Qué me está pasando?
Conocerte no es juzgarte. Es permitir que algo nuevo pueda emerger.
El proceso terapéutico comienza ahí: cuando eliges mirarte con honestidad y amabilidad para comprender qué ocurre en tu interior y dar sentido a lo que hoy te genera malestar. Y hacerlo en compañía de alguien que tiene formación y experiencia en acompañar estos procesos.
Un proceso terapéutico es un espacio seguro y confidencial, donde puedes expresar lo que te preocupa, te duele o te inquieta, sin miedo a ser juzgad@.
Es un espacio que se construye desde la confianza, el respeto y la presencia.
Estas son algunas señales que invitan a iniciar un proceso terapéutico:
Sientes ansiedad, tensión o desbordamiento que no desaparece, aunque intentes manejarlo por tu cuenta.
Tienes conflictos o dificultades en relaciones afectivas que te dejan atrapad@ o incómod@.
Algo inesperado sacude tu vida y sientes tambalear tu equilibrio —la pérdida de un ser querido, el final de una relación, cambios profesionales— y con ello surge un vacío, tal vez una insatisfacción que pesa día a día; todo parece perfecto desde fuera, pero tú sientes que algo no encaja.
Sientes que la vida va tan rápido que todo lo que quieres atender parece imposible, que apenas queda tiempo para ti, y esa falta de tiempo te genera tensión y cansancio.
Tienes que tomar una decisión importante y quieres explorar tus opciones antes de actuar.
Sientes una llamada profunda hacia el autoconocimiento: quién eres, qué sentido tiene tu vida, cuál es tu propósito.
Cómo trabajo:
Cada persona llega con una historia única, y así la recibo, sin ideas preconcebidas ni caminos trazados. Me interesa comprender tu experiencia tal y como es para ti, en este momento de tu vida.
En las sesiones vamos descubriendo juntos lo que necesita ser mirado, paso a paso. No se trata de forzar cambios ni de aplicar soluciones rápidas, sino de acompañar un proceso que se va revelando con calma, respetando tu ritmo y la singularidad de tu historia.
Cuando te das este espacio, te das también permiso para que algo dentro de ti empiece a moverse, a cambiar de lugar, y empiezas a sentir que tal vez es cierto aquello de que las crisis pueden dejar de ser solo dolor y empezar a transformarse en oportunidades de crecimiento.
Empiezas a comprender lo que sientes, en lugar de luchar contra ello, y eso suele producir un gran alivio y una mayor claridad interna.
Descubres recursos que ya estaban dentro ti, aunque antes no los veías, y eso fortalece tu confianza y tu sensación de capacidad para afrontar lo que estás viviendo.
Aprendes a relacionarte de manera más amable con tu mente y tus emociones, y eso reduce la lucha interna y te permite actuar desde un lugar más sereno y coherente.
Te das cuenta de que no hay nada “malo” en ti, solo algunos aspectos desordenados que pedían ser atendidos, y eso libera una carga de culpa y autoexigencia, ayudándote a construir una relación más respetuosa y realista contigo mism@.
Si algo de lo que has leído resuena contigo, quizá quieras dar un primer paso y hablar conmigo.